lunes, 7 de junio de 2010

¿COMPAÑERO, AMIGO, HERMANO? Parte 1

El concepto de “amistad” ha sido tan vapuleado por el comercio y los medios de comunicación, que cualquiera podría tener la impresión de que es un sentimiento superficial, entre necesario y superfluo y para algunos, propio de las personas cursis ó pusilánimes, “predominantemente de las mujeres” (odio cuando algunos engendros pseudo-hombres dicen eso). Por ello y en reinvindicación de tan notable concepto, siento el deber moral de defender su grandeza.

Para mí la amistad no es tanto un sentimiento subjetivo, sino más bien un acuerdo tácito de lealtad, respeto, aceptación y cariño entre dos personas (“Las Partes”) que han decidido formar una alianza y sobra decir, es de acepción universal. Obviamente que conlleva un cúmulo de conductas y sentimientos de solidaridad, honestidad, preocupación y apoyo mutuo, intercambio de ideas, emociones y sentimientos, pero sobre todo, compartir con las entrañas y de manera profunda (debería existir la palabra “compartición”, es decir: me parto a mí misma para com-partirme contigo y para tí, me divido y vuelvo a pegarme pero contigo en medio) y si es necesario, implica la unión de fuerzas para combatir todas aquellas situaciones críticas, que en lo emocional, físico, económico, social ó familiar, enfrenten las mencionadas “Partes”.

Tan extraordinario esfuerzo exige la siembra y cosecha de la amistad, que sólo las personas fuertes, que saben amar y con convicciones firmes pueden tener amigos perdurables… y es que aparte de que nadie puede dar lo que no tiene, finalmente, al igual que un campo de cultivo, la amistad exige maduración y resistencia a los embates tanto internos (la madurez de la semilla y sus características propias), como externos: lluvias de incomunicación, celos, sequías plenas de olvido y soledad, ataque de pájaros envidiosos y chismosos, plagas de autosuficiencia, prepotencia ó arrogancia, suelos de aburrimiento y rutina, sin olvidar que a veces los vientos soplan tan fuerte que son capaces de arrancar la hierba y enviarla a otro lugar.

La buena amistad rinde buenos frutos. Permanecerá siempre verde aún en los tiempos de mayor sequía y obscuridad y soportará las tempestades con fortaleza. La mala hierba no la ahogará y ni las aves que piquen sus frutos podrán terminar con ella. La buena amistad se reproduce continuamente, asegurando su permanencia y hundiendo cada vez más las raíces, a pesar de las podas que pudiera hacer de cuando en cuando la vida.

Por su parte, la amistad superficial es sólo amor de un rato. Sus raíces no profundizan y por tanto no soportan las malas rachas y después de tiempos de mucho calor se secan y se convierten en una bola de varas y espinos que, como “brujas” ó “maromas” se van rodando con el viento… y sin embargo (pienso y me pregunto:…) el amor que se recuerda no se termina… ¿ó sí?

Y aquí es donde habría que definir los “nombres” que otorgamos a la amistad, ya que solemos con demasiada facilidad (creo yo), calificar a cualquier persona con la que se tenga alguna afinidad, de “amigo”… y si ésta afinidad se convierte en comprensión, llegamos a calificarle como “hermano”. Así tenemos amigos del kinder, la primaria, ad infinitum, y “hermanos del alma”, “hermanos de sangre”, etc. Así mismo, también es muy común que por respeto y para que no se sientan menospreciados, a nuestros conocidos, del trabajo por ejemplo, les llamamos “compañeros” e incluso “amigos”… ¿Pero realmente qué sentido tienen estas palabras?



miércoles, 26 de mayo de 2010

Confusión

¿Cómo comenzar a describir lo que sucede en esta casa?
todas las noches comienza una rídicula comedia, en la que nadie ríe y mañana, excepto yo, nadie recuerda.
Tú mente se nubla con moléculas de amoniaco,
miras con los ojos exorbitados, confundido, de un lado a otro,
mientras tus brazos cuelgan de tus hombros, sin ánima, exangües, débiles... tan débiles...

Aún recuerdo cuando me casé contigo: alto, fuerte, robusto, alegre, risueño y con bromas inteligentes.
Hoy me miras como si estuvieras oculto en el fondo de tu mente, con cara lacia, bromas crueles y tontas y has adelgazado tanto que pueden contarse tus huesos.

Me siento increíble y profundamente triste.
Siento una pena terrible por tí, mi amor, mi compañero
te me mueres y yo no puedo hacer nada.

¡qué estúpida es la vida a veces!, cuando hace 9 años nos prometimos amor fiel en lo próspero y en lo adverso, en la salud y en la enfermedad, jamás imaginé que nuestra vida sencilla se complicaría tanto.

"Es una enfermedad devastadora", me dijo ayer mi hermano, el médico.
Y vaya que te ha devastado esposo mío. Ni siquiera había concebido lo horrible que sería tu suplicio. Y hoy lloro por tí amor, porque apenas comienzo a vislumbrar tu terrible dolor.

No eres ni por asomo lo que fuiste; eres una sombra parecida a él, a mi novio, que me desconoce y me agrede. Sólo por las mañanas te veo relativamente lúcido, aunque lento, y veo como el nitrógeno te intoxica lentamente durante el día, para convertirte por las noches en un Sr. Hyde enojado y rabioso.

Tengo mucho dolor porque te veo sufrir. Quisiera en verdad poder consolarte.
Y es que estás tan sólo mi amor, tan solo...

Sólo pido a Dios paciencia para vivir contigo y amarte mucho. A tu lado casi nada me queda. No hay amor, sólo compañía y mucha confusión. Tengo los sueños rotos y el futuro me parece terrible. No quiero vivir sino sólo el presente, contigo, lo más lúcido posible. Tengo miedo. Mucho miedo, Sin tí, ¿a donde iré?

Paciencia amor, porque tu cuerpo está cambiando; y con él tu alma... Dios quiera que pierdas la conciencia antes de que te des cuenta de tu locura y que no te fijes en el daño de tu cuerpo, porque poco a poco te estoy perdiendo... te desvaneces... mi compañero.

sábado, 8 de mayo de 2010

No te preocupes, ocúpate...

Las horas caminan, mientras que yo, que debería correr, no he iniciado siquiera el viaje.

Tengo el corazón apachurrado, porque como dice mi hermana Coque, ¡la vida apesta!
Y es que siempre hago a un lado la cara para no percibir el hedor,
lleno mi vida de actividades y compromisos, para no reconocer mi cansancio y mi hastío
me tapo los ojos para no mirar mi vejez, escondo mi corazón maltrecho en un pedazo de pan...

La vida se escurre y yo sigo sin hacer nada
La nada se acerca y se carcajea de mí, porque el tiempo se acaba y no le logrado nada de lo que me había propuesto.
La vida es absurda si no se tiene un objetivo... y yo perdí el rumbo hace mucho y busco metas en la religión, la familia, el trabajo, pero ninguna nace de mí.

He cambiado ¡tan poco!!!, "en esencia no cambiamos, seguimos siendo los mismos", me dijo un amigo hace tiempo; pero la realidad es que la mayoría de nosotros somos ¡tan distintos! a como éramos hace una década, que al vernos nuevamente somos irreconocibles, irreconciliables y terriblemente aburridos...

Quisiera cambiar de nombre, cambiar de ciudad y cambiar mi cosmovisión. Como dijo mi hermano, soy "axiológica" ¡que aburrida!, necesito algo de pecado, menos dolor y más diversión.

Estoy cansada de cargar mi cruz. Estoy cansada de perdonar siempre. Estoy harta de sus quejas, críticas y guerrillas. Si tan sólo no creyera tan firmemente en lo que creo, huiría de regreso a mi desierto, a mis cerros grises y agua del Nazas. Si tan sólo no amara como amo...

El continuo pensar en el futuro me ha impedido entender y remendar mi presente. Corporalmente vivo al día, mientras que mentalmente me sitúa una década de años en el futuro.
Tengo miedo del futuro. Me he creado un mundo de fantasía al que corro casi a toda hora, para vencer el temor, para motivar mis días en camino hacia un futuro promisorio... ¿pero qué tengo ralmente? sólo fastidio, dolor, muerte y enfermedad (en ese orden)... y la promesa de un cielo que dudo a veces, llegar a ver.

La vida apesta Coquetín!!, tienes mucha razón en ello... curioso es que lo digas tú, la más alegre, la más candorosa y una de las mujeres más inteligentes que conozco.

Hermana, amiga, niña-anciana-sabia del mundo y destructora de todas las cosas... te extraño tanto, tanto... ojalá y estuvieras aquí, para que me consueles.

domingo, 11 de abril de 2010

¿Tu Crees?

¿Sabes porqué funcionan los horóscopos?

Ó mejor dicho, ¿porqué la gente cree que funcionan y que es cierto que las estrellas dominan su sino?

Ó porqué cuando una persona lee sobre una enfermedad, de repente siente que tiene los síntomas y llega a creer que hablan de su padecimiento (uno que a veces no tiene)?

Algunos denominan a este fenómeno como “sugestión”, es decir, adoptan como verdadera una “sugerencia” que puede o no estar dirigida a ellos.

Siempre he creído que las personas que creen en los horóscopos son personas realmente muy frágiles. Quieren creer que hay una fuerza superior que controla su vida. Quieren creer que es posible preveer el futuro, misterioso e incierto, a través de la revelación cósmica revelada a un hombre “superior”, poseedor del conocimiento necesario y suficiente para realizar la interpretación de dicho orden superior y transmitirlo a sus contemporáneos, en un código que comprendan.

Pero la realidad es que no debo circunscribir esa credulidad a las personas débiles. La realidad, según yo, es que todos los humanos necesitamos creer que existe un orden universal y que jugamos un papel dentro de ese orden. Queremos sentirnos especiales, sentirnos necesarios en el Gran Juego… es más, no sólo queremos: lo necesitamos.

A lo largo de la historia el hombre se ha preguntado de donde viene, cual es su propósito vital, quién es y a donde va. Considero que la formulación de estas preguntas es inherente a nuestra humanidad, a nuestra racionalidad; y la búsqueda del sentido de la vida, siempre va enfilado a la comprensión del mundo para entonces estar en posición de lograr la felicidad. Necesitamos comprender para darle una proporción a nuestro entorno y que no nos abrume.

Algunos buscan las respuestas a estas preguntas en la filosofía, otros en la teología, la mayoría en la religión y otros más en creencias esotéricas. Creencias fáciles ó difíciles, antiguas ó nuevas, basadas en la razón ó en la sin razón, constituyen la evidencia palpable de que culturalmente el hombre necesita CREER para crecer. Incluso la “no creencia” constituye en sí una creencia, un marco de referencia para la conducta, los deseos y los pensamientos... y por ende, las culpas.

El ser humano lleva en su corazón una semilla de credulidad que lo impulsa a toda costa a buscar a su creador ó su destino final. Padre Dios ó Madre Naturaleza, Jesucristo, Buda e incluso “Elvis vive” ó el ateismo más recalcitrante, dentro o fuera de la creencia sistematizada y encuadrada, nos sitúan como individuos y como sociedad dentro del orden cósmico; nos otorgan valor.

Y es que desde que el hombre es hombre, las pasiones humanas siguen siendo las mismas y en sus pecados individuales ó colectivos con algunas variantes, siguen prevaleciendo la ira, el rencor, los celos, la envidia, la avaricia, el egoísmo, la intolerancia, la imprudencia, etc., etc., etc.

Es una lástima que así como defendemos nuestro derecho a creer ó nuestra creencia en sí, no defendamos nuestra dignidad humana, sigamos permitiendo el poder del más fuerte sobre la razón, el hambre, la guerra, la violencia, la injusticia... la inmunidad del "poderoso Señor es "Don Dinero"", la corrupción de nuestraas autoridades y un desprecio velado contra nuestra Patria.

Ojalá y como algunos "misioneros" van de casa en casa intentando que otros cambien de religión, existieran "pacificadores" que ponderen el valor del diálogo, la tolerancia, la unión y la paz.

Quizás tendríamos un poco menos a Dios en nuestra mente, pero definitivamente seríamos mejores creaturas de Dios.

¿Qué opinas lector?

domingo, 7 de febrero de 2010

Una frase interesante que encontré en otro blogg... un fragmento de los "Diarios" de "Alejandra Pizarnik". Es primera noticia que tengo de ella. Buscaré qué encuentro...


"Ahora sé que cada poema debe ser causado por un absoluto escandalo en la sangre."


Creo que no hay nada más cierto, aunque algunos grandes poemas parecieran tratar sobre asuntos tranquilos y cotidianos... sin embargo, aunque sea tranquilo ó cotidiano, si ha inquietado a un espíritu escritor, definitivamente hubo tenido que ser un "escándalo en su sangre"...

lunes, 1 de febrero de 2010

¿Con ó sin bigotes?

Tarde lenta y productiva, aunque más lenta que productiva, ha sido ésta que he pasado en casa.
Disfruto de una libertad obligada, con sabor de esclavitud voluntaria, frente a la computadora que me enfrenta al gran problema de diseñar, a toda velocidad, un gimnasio y otros espacios recreativos, que para ser sincera, me estresan muchísimo por lo limitado del tiempo.

Qué extraño me ha sido insertarme en el mercado laboral independiente. Me siento bien de estar en casa (al fin podré echar raíces en mi propio territorio), pero es tan atractiva la cantidad de pendientes domésticos que me llaman con insistencia, que lograr la concentración es un reto muy difícil. La mudanza de mis pertenencias de mi antigua oficina a ésta otra casera, no ha terminado. De hecho pareciera que no me hago a la idea aún. No he decidido aún qué habitación será mi oficina y me he apoderado, para rabia de mi marido, de la mesa del comedor.

Hoy compré un par de canarios. Es mi premio de consolación por la compañía humana que perdí con mi despido. Cantan hermoso y llenan la casa de sol.

Los perros también han disfrutado mucho mi nueva libertad. Comen a todas horas y salgo con ellos de cuando en cuando. Todos hemos ganado algo. Mi esposo ganará comidas calientes y nos ha mejorado el humor. !Hasta los peces disfrutan de su agua nueva y de alimento tres veces al día!!... creo que todos engordaremos... ¡y yo que tengo que pensar en un gimnasio!!!... ¡qué ironía!. Para estar a tono con tan saludable proyecto, he ido a preparame un café con chocolate (moka) bien caliente, me he arropado para enfrentar el frío, me apoltrono en mi silla alta y reinicio mis labores con sendos bigotes de chocolate amenizados con cantos de canario, ladridos de perro y el sonido tranquilo del agua del acuario.

domingo, 31 de enero de 2010

Qué día tan feliz

¡Hoy fue un día estupendo!

La mar embravecida encontró al fin la calma.
La gallina sin polluelos, al fin encontró uno para cobijar bajo sus alas.
La alegría vino a mi casa y me enseñó a cantarle al día, cocinar huevos y que nada malo pasa.
El amor se instaló en el techo y derramó su luz por los tragaluces ensuciándolo todo.
La mañana humeante me mostró la ternura de sus ojos y de una sonrisa que sólo guarda para mí.

¡Quién tuviera otro domingo como este para vivirlo de nuevo!!
¡Quién tuviera suficiente tiempo!
para estar con-t-m-igo!

Nadie puede quitarme este domingo... ¡por ahora!